Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

23 05 2008

indianajonesIVTítulo original: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull.
Nacionalidad: USA.
Año: 2008.
Duración: 124 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: David Koepp; basado en un argumento de George Lucas y Jeff Nathanson.
Intérpretes: Harrison Ford (Indiana Jones), Cate Blanchett (Irina Spalko), Karen Allen (Marion Ravenwood), Ray Winstone (Mac), John Hurt (profesor Oxley), Jim Broadbent (Dean Charles Stanforth), Shia LaBeouf (Mutt Williams).
Producción: Frank Marshall.
Música: John Williams.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Montaje: Michael Kahn.
Diseño de producción: Guy Hendrix Dyas.

Diecinueve años han pasado desde aquella última cruzada, pero el bueno de Indy no parece notar el peso del tiempo. A pesar de su encanecido cabello, Henry Jones Jr. sigue dándole dolores de cabeza a los malvados que se interpongan en su camino, ya sean los nazis de antaño o los soviéticos de esta nueva entrega. Si no quieren saber nada más, párense aquí y quédense con la recomendación: vayan a verla, porque de verdad merece la pena. Hecha la aclaración, podemos seguir adelante.

En esta ocasión, Indiana Jones (Harrison Ford) une su camino al del joven e impetuoso Mutt Williams (Shia LaBeouf), que busca al profesor Oxley (John Hurt). Éste ha sido capturado por el ejército soviético, al mando de la implacable Irina Spalko (Cate Blanchett), mano derecha de Stalin. Para rescatarle tendrán que ir hasta Perú, donde deberán desentrañar el misterio de las calaveras de cristal.

En un ejercicio interesante de coherencia, la acción se sitúa también diecinueve años después de la tercera parte, así que nos encontramos en 1957 (con lo cual no cuadra mucho la referencia a Stalin, muerto en el 53), y el enemigo ha cambiado. De la cruz gamada nazi a la hoz y el martillo comunista, aunque lo que no cambia son los peculiares acentos de los enemigos.

Spielberg vuelve de nuevo a incidir en dos de sus grandes obsesiones cinematográficas: una es la familia, claro; la otra me la reservo para los que quieran llegar a la sala sin más pistas de las necesarias, aunque a estas alturas no debería sorprender a nadie. Y sin llegar a ser ninguna de las dos el eje principal de la trama, sí que se intrincan con facilidad entre los tiros y las persecuciones habituales.

Dichas persecuciones son un continuo “más difícil todavía”, en el que cada detalle está asombrosamente planificado y rodado con la maestría habitual del genio de Cincinnati, que algo sabe de esto. Desde el plano en el que vemos parte de la acción reflejada en un espejo retrovisor mediante inteligentes desplazamientos de la cámara (recuerden Munich), hasta los guiños referenciando a las otras aventuras del arqueólogo. Incluso la fotografía tiene el aspecto desgastado y polvoriento común a la saga, señal del mimo que se ha puesto en cuidar cada detalle.

¿Cómo se maneja la irrupción de un “intruso” como LaBeouf en la saga? Pues de manera modélica, ciertamente. Siguiendo la máxima de que “por sus actos les conoceréis”, los personajes se presentan de la mejor forma posible: actuando, lo que les confiere suficiente peso y personalidad como para resultar creíbles, y todos disfrutarán de su minuto de gloria en pantalla.

Tampoco hay demasiada queja de los FX: es cierto que hay pantalla azul, y es cierto también que hay momentos en los que pueden “cantar” un poco, como en la aparición de ciertos animales. Pero no es menos cierto que hay secuencias que serían impensables de rodar sin la decisiva contribución de los ordenadores de la ILM, y el grado de espectacularidad de algunos momentos realmente lo merece.

Hilando fino, fino, uno puede preguntarse si era necesario contratar a John Hurt para el papel de Oxley, o si acaso el personaje de la Blanchett no es hasta cierto punto paródico (y no sólo por un peinado que ya le gustaría a Bardem), pero resulta difícil sustraerse al ritmo frenético de la acción, que sólo se detiene el tiempo justo para que el espectador recupere el resuello, y a la sensación de volver a ver cine de aventuras en su expresión más pura, donde todos los elementos están concebidos para el asombro y disfrute de aquel que se mete en el cine, y durante dos horas, vuelve a sentirse como un niño cuya mayor ilusión sería hacerse arqueólogo. Pero como Indy, claro.

Dos horas de vibrante diversión de la mano del imbatible tándem Spielberg-Lucas. Dos horas con una sonrisa en la cara que se prolongará hasta bastante después de salir de la sala. Dos horas para recordar qué es divertirse en el cine y salir tarareando la inolvidable partitura de John Williams. Lejos de mí queda averiguar en qué lugar situar esta cuarta parte que nada tiene que envidiar a las demás, pero en el fondo, carece de importancia.

Valoración: excelente.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Speed Racer

9 05 2008

speedracerTítulo original: Speed Racer.
Nacionalidad: USA.
Año: 2008.
Duración: 129 min.
Dirección: Andy Wachowski y Larry Wachowski.
Guión: Andy Wachowski y Larry Wachowski; basado en la serie de dibujos animados creada por Tatsuo Yoshida.
Intérpretes: Emile Hirsch (Speed Racer), Christina Ricci (Trixie), Matthew Fox (Racer X), Susan Sarandon (mamá Racer), John Goodman (Pops Racer), Kick Gurry (Sparky), Paulie Litt (Spritle), Roger Allam (Royalton), Rain (Taejo), Christian Oliver (Snake Oiler).
Producción: Andy Wachowski, Larry Wachowski, Joel Silver y Grant Hill.
Música: Michael Giacchino.
Fotografía: David Tattersall.
Montaje: Roger Barton y Zach Staenberg.
Diseño de producción: Owen Paterson.

Aún con las retinas irritadas, hablamos hoy de Speed Racer, que debe ser la respuesta de los Wachowski a las campañas de la DGT, en esta adaptación del clásico anime Meteoro (Mach GoGoGo), si bien nos ha llegado con el título que se le puso en inglés, vaya usted a saber por qué.

Speed (Emile Hirsch) sueña desde pequeñito en ser como su hermano Rex (Scott Porter), un extraordinario piloto de carreras que muere en circunstancias extrañas. Un buen día, gracias a una gran carrera de Speed, el magnate Royalton (Roger Allam) le hace una oferta irrechazable: o corre para él, o acabará hundiendo a Speed junto con toda su familia, encabezada por Pops (John Goodman) y Mamá (Susan Sarandon). Speed descubre que Royalton se dedica a amañar carreras, pero para desacreditarle, necesitará la ayuda de Racer X (Matthew Fox), un enmascarado que lucha contra el mal, y de su siempre solícita novia de la infancia, Trixie (Christina Ricci).

Desconozco si hay un límite de información visual que el cerebro es capaz de procesar, pero si así es, los Wachowski se han quedado cerca de provocar daños neuronales permanentes. Es posible que incluso hayan inventado colores que no existían en el Universo conocido para darle ese aspecto de cómic “real”, si es que puede definirse así. Los actores suelen estar rodeados de entornos virtuales, y si bien algunos son ciertamente espectaculares, otros parecen hechos por los responsables de South Park.

Como se puede intuir, donde brilla el filme con luz propia es en las carreras, en las cuales el barroquismo visual de los Wachowski alcanza su máximo esplendor. No cabe duda de que los hermanos de Illinois tienen un dominio importante de la narrativa (como se puede comprobar en los flashbacks continuos de la primera carrera, en el que nos ponen rápidamente en antecedentes de la historia), pero aún así, la complejidad de ciertas escenas y el aceleradísimo montaje hacen que no sepamos bien qué estamos viendo en pantalla, recordando más al viaje final de 2001 que a una auténtica carrera.

Eso sí, entre carrera y carrera quedan unos espacios muertos en los que el ritmo de la peli cae estrepitosamente, y alargándola por encima de las dos horas, metraje excesivo a todas luces para una historia y una producción como esta. Aunque a decir verdad, el mayor borrón del guión es que no se atisba una verdadera tensión durante las competiciones: Speed nunca parece estar en peligro real, ya que en general, cualquier problema se soluciona tocando un botón y haciendo que el coche salte, gire, haga varias piruetas, le salga una rueda nueva o empiece a sonar reggaeton para que todos se pongan a perrear.

Los personajes, como corresponde, son completamente unidimensionales, sin ningún matiz: sería difícil imaginarse a un Speed cuyo padre le pegaba palizas y por eso se da al alcohol, o a una Trixie de un barrio marginal que se quedó embarazada a los ocho años. Todo es muy light y muy happy, para no herir la más mínima sensibilidad. Por haber, incluso hay los guiños típicamente frikis de los Wachowsky, como el que uno de los ninjas tenga un llavero de P-Chan.

En fin, una producción que encantará a los más jóvenes, y que quizás indigne a Sáinz y Moya: a ellos cuando se les paraba el coche, era para siempre.

Valoración: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Iron Man

4 05 2008

ironmanTítulo original: Iron Man.
Nacionalidad: USA.
Año: 2008.
Duración: 126 min.
Dirección: Jon Favreau.
Guión: Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum y Matt Holloway; basado en los personajes creados por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby.
Intérpretes: Robert Downey Jr. (Tony Stark/Iron Man), Terrence Howard (James Rhodes), Jeff Bridges (Obadiah Stane), Shaun Toub (Yinsen), Gwyneth Paltrow (Virginia “Pepper” Potts), Faran Tahir (Raza), Jon Favreau (Hogan).
Producción: Avi Arad y Kevin Feige.
Música: Ramin Djawadi.
Fotografía: Matthew Libatique.
Montaje: Dan Lebental.
Diseño de producción: J. Michael Riva.

¡Albricias! Al fin una película de superhéroes sin héroe atormentado ni terribles conflictos internos. Y no es porque el bueno de Tony Stark no los haya tenido, ojo, sobre todo con el noble arte de empinar el codo, sino porque, con buen tino, los guionistas han preferido centrarse en el aspecto más lúdico del tema superheroico.

Así, se nos presenta al multimillonario playboy Tony Stark (Robert Downey Jr.), un fabricante de armas hipermegadestructivas de ultimísima tecnología, bastante cínico e irresponsable, que durante una demostración para el ejército de su nuevo invento, el misil Jericó, es secuestrado por un grupo de insurgentes afganos para obligarle a construir dicha arma. Usando sus conocimientos sobre tecnología, es capaz de escapar, y decide poner fin a la creación de armas, cosa que asombra a su secretaria/”chica para todo” Pepper (Gwyneth Paltrow) y desconcierta a su socio Obadiah Stane (Jeff Bridges), que no ve con buenos ojos ese cambio de orientación de la empresa: a partir de ahora, Stark se enfrascará en la búsqueda del arma definitiva para proteger a los inocentes.

Desde los primeros instantes de Iron Man, con el convoy militar circulando a ritmo de Back In Black, uno ya intuye el afán de divertimento y diversión con el que ha sido tratado todo. Sólo así, y con el carisma que emana Robert Downey Jr. es posible entender que un personaje de tan dudosa moralidad como Tony Stark caiga bien, e incluso que se pueda comprender su rápida evolución.

Durante el primer tramo de película, el ritmo está tan bien llevado, que ni siquiera uno pone en duda que durante su cautiverio, Stark pueda construir una especie de reactor nuclear en miniatura con poco más que una llave inglesa y un par de piezas de Lego, aunque uno, después de haber visto en acción al Equipo A y a MacGyver, le cuesta sorprenderse ante este tipo de cosas.

En el momento que la trama se vuelve algo más seria, coincidiendo con el final de la puesta a punto de la armadura, la peli pierde algo de fuelle, y da la impresión de que los acontecimientos se precipitan con demasiada celeridad. Esto lo sufren sobre todo personajes como Jim Rhodes (Terrence Howard), que no se sabe muy bien qué pintan en esta entrega (aunque los seguidores de los comics conocen de sobra a Rhodey), y con un enfrentamiento final más flojo y mucho menos espectacular de lo que merece la película.

Como antes queda dicho, Downey Jr. es el alma y motor (guiño) de la peli, y queda claro que no le supone esfuerzo dar vida a un personaje que se pasa media peli reventando cosas y la otra media agarrado al vaso de whisky: tablas en esos aspectos no le faltan (guiño guiño). Jeff Bridges también está bien, aunque al final su personaje se vaya un poco por los cerros de Úbeda. Los demás son simples comparsas, pero nada que moleste demasiado.

Pero no cabe duda de que con Iron Man cualquiera puede pasar un buen rato: el espectador medio disfrutará de sus magníficos efectos, y el divertido personaje que compone Downey Jr.; y el aficionado a la Marvel también se entretendrá cogiendo las pistas y referencias que han ido dejando los guionistas. Para estos últimos espectadores es recomendable que vean la escena final que se oculta tras los créditos, que posiblemente asombre y decepcione a partes iguales.

Valoración: buena.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.