Pozos de ambición

29 02 2008

pozosdeambicionTítulo original: There Will Be Blood.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 158 min.
Dirección: Paul Thomas Anderson.
Guión: Paul Thomas Anderson; adaptación libre de la novela “Petróleo” de Upton Sinclair.
Intérpretes: Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview), Paul Dano (Paul Sunday/Eli Sunday), Kevin J. O’Connor (Henry), Ciarán Hinds (Fletcher), Dillon Freasier (H.W.), Sydney McCallister (Mary Sunday), David Willis (Abel Sunday), Kellie Hill (Ruth Sunday).
Producción: Joanne Sellar, Paul Thomas Anderson y Daniel Lupi.
Música: Jonny Greenwood.
Fotografía: Robert Elswit.
Montaje: Dylan Tichenor.
Diseño de producción: Jack Fisk.

Compuesta y sin Oscar a la mejor película se quedó Pozos de ambición como consecuencia del arrollador triunfo de la obra de los Coen. Eso sí, se llevó dos premios bien merecidos, el de mejor actor protagonista (Daniel Day-Lewis) y el de Robert Elswit por la fotografía. Y es que la película de Paul Thomas Anderson, aun siendo magnífica, tiene taras difíciles de salvar.

Anderson nos sitúa en tres tramos de la vida de Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), un minero metido a empresario petrolífero, que a medida que va teniendo éxito en sus prospecciones, se vuelve más huraño e irritable. Su duro carácter chocará también contra el de Eli Sunday (Paul Dano), un predicador iluminado que desea que su iglesia también se beneficie del boom del oro negro.

No cabe duda de que Paul Thomas Anderson sabe usar la cámara. El aspecto visual de su obra demuestra que Anderson maneja con soltura los recursos estilísticos que ofrece el cine sin necesidad de buscar utilizar toda clase de ángulos extraños o forzadas composiciones. El director californiano muestra un catálogo casi inacabable: largos planos secuencia, travellings, picados y contrapicados, contrastes crudos (apoyados en una magnífica fotografía a la que sólo podemos referirnos como “crepuscular”), elipsis temporales, fundidos a negro…

Toda la película gravita en torno a la figura de un excelso Daniel Day-Lewis, tan contenido en unas escenas como desbocado en otras, que precisamente son aquellas en las que mantiene su particular enfrentamiento interpretativo con Paul Dano (al que ya viésemos en Pequeña Miss Sunshine, y que, a pesar de ciertos excesos, también compone un personaje de mérito). Quizás dichas escenas se salgan un poco del tono general del filme, pero visto lo peculiar del hilo narrativo tampoco es excesivamente extraño.

Este es uno de los problemas principales de Pozos de ambición: no es posible seguir la evolución dramática de los personajes al completo. Unas veces porque aparecen y desaparecen de escena. Otras veces porque existen cortes temporales abruptos que dejan al libre albedrío del espectador imaginarse qué ocurre entre medias, y por qué. Los diálogos, además, no son especialmente abundantes, y los pocos datos que podemos tener de los personajes se basan en lo que Anderson nos deja ver.

Llamativa resulta la música de Jonny Greenwood, componente de Radiohead, que encantará y espantará a partes iguales. Lo que está claro es que no dejará indiferente a nadie. No dudo de lo adecuado de ciertas atmósferas sonoras que consigue, pero hay veces que parece luchar por imponerse sobre la imagen. La verdad es que, con otra música, estoy seguro de que Pozos de ambición sería otra película distinta, quizás mejor, quizás peor.

Por encima de todo, la obra de Anderson es fascinante y envolvente como pocas. Resulta difícil no dejarse llevar por los sentidos y disfrutar de los andares torpes y cansados de un Day-Lewis que nos lleva de la mano en el descenso hacia lo peor del alma humana; un alma que, al contacto con el viscoso y oscuro petróleo, se ennegrece por momentos de forma irremisible. Un intento tan pretencioso como cautivador de desmitificar aquella dura y terrible California del siglo XX.

Valoración: excelente.

Ficha en IMDb.

Web oficial.





Juno

17 02 2008

JunoTítulo original: Juno.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 96 min.
Dirección: Jason Reitman.
Guión: Diablo Cody.
Intérpretes: Ellen Page (Juno), Michael Cera (Bleeker), Jennifer Garner (Vanessa Loring), Jason Bateman (Mark Loring), Allison Janney (Bren), J.K. Simmons (Mac), Olivia Thirlby (Leah), Eileen Pedde (Gerta Rauss), Rainn Wilson (Rollo), Daniel Clark (Steve Rendazo), Aman Johal (Vijay).
Producción: Lianne Halfon, John Malkovich, Mason Novick y Russell Smith.
Música: Mateo Messina.
Fotografía: Eric Steelberg.
Montaje: Dana E. Glauberman.
Diseño de producción: Steve Saklad.

Por méritos propios, Juno se ha convertido en la outsider de los Oscars, como ya lo hiciera Pequeña Miss Sunshine el año pasado, también bajo la forma de una comedia dramática, si bien es verdad que no llega a su misma altura.

Juno (Ellen Page) es una chica de 16 años que, tras practicar el sexo con su novio/amigo/compañero Bleeker (Michael Cera), se queda embarazada. Al principio decide abortar, pero la clínica le provoca bastante mal rollito, con lo que decide tenerlo, y darlo en adopción a una pareja modelo formada por Vanessa (Jennifer Garner) y Mark Loring (Jason Bateman), con el visto bueno del padre de Juno, el ex-militar Mac MacGuff (J. K. Simmons) y su madrastra Bren (Allison Janney).

Al frente de la película está Jason Reitman, cuya anterior película, Gracias por fumar, era una crítica inteligente y ácida sobre el mundo del tabaco (y fíjense que digo “sobre” y no directamente “contra”). Sin duda, Juno es bastante menos mordaz, convirtiéndose en una cinta esencialmente amable, aunque verse sobre un tema a priori tan delicado como es un embarazo no deseado en la delicada fase de la adolescencia.

El guión corre a cargo de Diablo Cody, que ha pasado de stripper a solicitada guionista (su blog de MySpace tiene bastante éxito, por cierto), y está repleto de buenas intenciones, al estilo de otras comedias como Amelie, aunque bastante más procaz en su lenguaje que la cinta francesa. Eso sí, sin haber visto la versión original, es difícil saber cuántas de esas expresiones proceden del guión y cuántas de las peculiares adaptaciones que hacemos aquí. Se le puede achacar, sin embargo, que algunos personajes que debieran ser más importantes no están tratados con demasiado esmero. Por ejemplo, cabría esperar que Bleeker (el padre del bebé), tuviese algo más de peso en la trama, o que se explorara algo más su relación con Juno. Tampoco deja de resultar sorprendente que un ex-militar se tome con tanta tranquilidad que su hija de 16 años esté embarazada, pero, como ya digo, todos los personajes resultan ser tremendamente positivos.

Y es que, en realidad, pocos atisbos hay de conflicto dramático, y tampoco hay una gran evolución de los personajes: a lo más que llegan algunos es a replantearse sus sentimientos. El hecho de quedarse embarazada tan joven no parece tener ninguna influencia (ni mala ni buena) en la vida de la protagonista, más allá de la molestia de que no le valga la talla 34 de Zara, y tener que sujetarse la barriga al sentarse. Eso sí, justo es reconocer que, entre el tono tan liviano por el que transcurre la peli, Diablo Cody se las apaña para conseguir un par de momentos verdaderamente tiernos que no desvelaré aquí, pero que reconocerán fácilmente.

La otra gran baza es la interpretativa. Todos los actores y actrices brillan a gran nivel, consiguiendo que sus personajes, por muy peculiares que sean, se conviertan en naturales e incluso entrañables. No obstante, a veces se cargan las tintas algo más de lo necesario en las expresiones barriobajeras de Juno para remarcar más profundamente la fractura social que la separa de la pudiente pareja formada por Mark y Vanessa. Aún así, el talento y la dulzura que desprende Ellen Page (quizás sobre todo conocida por su inquietante papel en Hard Candy) se bastan y se sobran para eclipsar cualquier otra cosa en la pantalla. Ellen Page (que cumplirá la semana que viene 21 años) tiene ese físico que le permite resultar adorable en cualquier papel, y no desentona aunque haga de alguien bastante más joven, como pasa con Alison Lohman. Evidentemente, lo tiene casi imposible para llevarse la estatuilla a mejor actriz, donde Julie Christie y Marion Cotillard brillan sobre todas las demás, pero no sería tan descabellado que la Academia se dejase embaucar por su encanto.

Juno es una comedia fresca y simpática, de las que logra mantener la sonrisa del espectador durante todo su metraje, y si bien no reviste la misma carga de profundidad de otras obras como las anteriormente mencionadas, no cabe duda de que es una alternativa digna y agradable, además de resultar un sorprendente debut de Diablo Cody como guionista. Pero eso sí, recuerden que, en general, los embarazos no resultan tan agradables, ni se resuelven en hora y media. Cualquier parecido con la realidad…

Valoración: buena.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





No es país para viejos

14 02 2008

No es pa�s para viejosTítulo original: No Country for Old Men.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 122 min.
Dirección: Ethan Coen y Joel Coen.
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy.
Intérpretes: Tommy Lee Jones (sheriff Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Garrett Dillahunt (agente Wendell), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss), Tess Harper (Loretta Bell).
Producción: Joel Coen, Ethan Coen y Scott Rudin.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.

Si van ustedes al enlace de la IMDb que está puesto más abajo, en la sección de “trivialidades” verán que se comenta que los hermanos Coen no estaban interesados en hacerle una audición a Josh Brolin. Afortunadamente, al final todo se arregló de la mejor manera, porque creo firmemente que Brolin hace la mejor interpretación de toda la cinta, bastante por encima de la tan cacareada nominación al Oscar de Javier Bardem.

La trama nos presenta a un veterano del Vietnam, Llewelyn Moss (Josh Brolin) que, de forma casual, se encuentra con el escenario de un terrible tiroteo en una fallida operación de narcotráfico, y se lleva a casa una maleta que contiene dos millones de dólares. Para su desgracia, un implacable asesino carente de remordimientos, Anton Chigurh (Javier Bardem) irá tras esa maleta, dejando un reguero de cadáveres que hacen que el sheriff de una pequeña localidad tejana, Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), se replantee lo que ha significado su vida como agente de la Ley.

A pesar de lo escueto del conflicto, el ritmo que imponen los Coen es deliberadamente lento, cansino por momentos, que sólo se rompe con los esporádicos estallidos de violencia a cargo, ante todo, de Chigurh, y con algunas (magníficas) secuencias en las que los directores de Minnesota demuestran su maestría a la hora de crear tensión. El mérito es mayor aún porque todas las emociones que desprende la película se consiguen a base de una impecable puesta en escena y un brillante montaje (obra de los mismos hermanos, bajo su seudónimo de Roderick Jaynes), sin ayudarse de la música, que prácticamente no existe durante todo el film, o bien se confunde entre el ruido ambiente.

La narración es completamente lineal, pero se juega deliberadamente con las elipsis a fin de obligar al espectador a estar atento a lo que pasa, si bien hay que reconocer que no se oculta ningún dato fundamental: todo lo que ocurre, dentro, o fuera de nuestra vista, se puede encajar a la perfección con la información que el guión suministra. Eso sí, es justo advertir que por muy atento que se esté, el final resulta tan abrupto en su resolución como coherente con el desarrollo de los sucesos.

No obstante, no todo es maravilloso. A las caídas de ritmo antes comentadas contribuye bastante la escasa construcción de algunos personajes, que es especialmente notoria en el interpretado por Javier Bardem: no sólo lleva un peinado que recuerda a un juglar de la Edad Media (el propio Bardem afirma que ese peinado “de loco” le ayudó en su forma de encarnar a Chigurh), sino que su total falta de trasfondo moral, lo convierte en algo casi caricaturesco. A decir verdad, el verdadero temor que transmite el personaje no se debe a la aportación de un Bardem hierático e inexpresivo, sino a la terrible certeza de que un encuentro con él acaba, salvo azarosas excepciones, con la muerte.

Por el contrario, Josh Brolin y Tommy Lee Jones, están bien de verdad, aunque debe ser la enésima vez que vemos a Tommy Lee con el uniforme de sheriff, agente del FBI o de Hombre de Negro, y yo supongo que debe tener alguna clase de apuesta con Denzel Washington para ver quién acumula más uniformes.

No es país para viejos podría titularse “no es película para todos”, ya que su lentitud y sobre todo su curioso desenlace son radicalmente distintos a las obras que hoy se estilan, pero es una película realmente notable, a la que, sin duda, los premios cosechados por Bardem harán que no pase desapercibida al menos en nuestro país. Y aunque “el novio de Pe” lo tendrá difícil en los Premios de la Academia, cosas más raras se han visto. ¿Saldrá “Pe” a gritar “Javieeeeeeeeeer”?

Valoración: excelente.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Aliens vs. Predator 2

7 02 2008

AVPRTítulo original: Aliens vs. Predator: Requiem.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 86 min.
Dirección: Colin Strause y Greg Strause.
Guión: Shane Salerno; basado en los personajes de “Alien” creados por Dan O’Bannon y Ronald Shusett; y en los personajes de “Depredador” creados por Jim Thomas y John Thomas.
Intérpretes: Steven Pasquale (Dallas), Reiko Aylesworth (Kelly O’Brien), John Ortiz (Morales), Johnny Lewis (Ricky), Ariel Gade (Molly).
Producción: John Davis, David Giler y Walther Hill.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Daniel C. Pearl.
Montaje: Dan Zimmerman.
Diseño de producción: Andrew Neskoromny.

Veo con terror cómo el tema Alien vs. Predator, que nació como una inofensiva colección de cómics, va camino de convertirse en una saga, a poco que vayan sacando beneficios en el cine, al más puro estilo Godzilla vs. Ghidhora, Godzilla vs. Mothra o Godzilla vs. Ronald McDonald. Y, aunque esto no debería ser malo en sí mismo, cuando uno ve las dos películas que han salido de esa idea, es para echarse a temblar.

AVP2 arranca en el punto final de la primera entrega, con un cadáver de “La Criatura Antes Conocida Como Depredador, Pero Que Ahora Se Conoce Como Predator” infectado por una cría de Xenoforme. Como ustedes se imaginarán, el bicho que nace es una especie de híbrido de ambos seres, que destaca por tener más o menos la apariencia física del Alien, pero que hereda de los Depredadores las rastas (?) y la carita de centollo, y que se ha dado en llamar Predalien. Eso sí, también tiene la mala leche combinada de ambos, así que cuando monta la mundial en la nave “predatoril”, ésta se acaba cayendo a la Tierra, liberando muchos atrapacaras que se dedicarán a infectar a la población. A través de una especie de GPS intergaláctico, un Predator de los más brutos se entera de lo que ha pasado, y se desplazará hasta nuestro planeta para borrar todo rastro de los Aliens, y de paso, de todos los humanos que pille.

Como ven, el “argumento” no da para mucho, así que vamos asistiendo a una rápida presentación de personajes (humanos) que están tan mal definidos que ni siquiera es posible decir que caen en el estereotipo, sino que más bien tienen la enjundia de lo que son: futuras hamburguesas. Mientras los pobres vecinos de Colorado se dedican a sus labores, el Predator se afana en la búsqueda y la destrucción de los Aliens y del híbrido, cargándose todo lo que se encuentra, incluyendo una central eléctrica, y redefiniendo el término OPA hostil.

Los fanáticos del gore se verán bastante decepcionados, me imagino, porque aunque sí existe sangre y violencia, se queda bastante justita en este aspecto, sobre todo, después de haber visto cosas como John Rambo, así que es de imaginar una próxima versión Unrated, que tanto gusta en el mercado del DVD. Lo que sí hay es una profusión de tomas destinadas a mostrarnos con todo lujo de detalles los aspectos más asquerosillos de la reproducción alienígena: reventones de costillas, “violaciones” de embarazadas (en serio)… Todo ello muy pegajoso y viscoso.

En teoría, todo lo que ocurre en la película prepara para el encuentro final de los dos monstruitos, en el que se supone que las habrá de todos los colores. Y efectivamente, así sucede, aunque con un pequeño problema: los dos bichos son oscuros como el carbón, con la mala costumbre de pelearse de noche, y a poder ser, en alcantarillas, habitaciones oscuras, y por lo general, sitios con menos luz que la Fosa de las Marianas. Si a todo ello se le suma la habitual realización en la que cuesta saber qué es lo que se está moviendo, más la desagradable costumbre del Predator de cambiar de tipo de visión como si de calzoncillos se tratara, se pueden hacer una idea del suplicio que resulta ver Alien vs. Predator 2. Yo supongo que mientras uno de los hermanos Strause controlaba la cámara, el otro debía indicarle dónde apuntar.

Tenían que hacerse verdaderamente mal las cosas para conseguir un subproducto tan nefando como la primera AVP, pero Colin y Greg Strause lo han conseguido: sin duda, se necesitaban un mínimo de dos personas para conseguir bajar aún más el listón de la entrega anterior, aunque a este paso, para hacer la siguiente peor, me imagino que habrá ya que echar mano de Rob Zombie. En ese caso, quizás sean los monstruos los que se asusten.

Valoración: pésima.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





John Rambo

3 02 2008

johnramboTítulo original: Rambo.
Nacionalidad: USA y Alemania.
Año: 2008.
Duración: 91 min.
Dirección: Sylvester Stallone.
Guión: Sylvester Stallone y Art Monterastelli; sobre el personaje creado por David Morrell.
Intérpretes: Sylvester Stallone (John Rambo), Julie Benz (Sarah Miller), Paul Schulze (Dr. Michael Burnett), Matthew Marsden (School Boy), Graham McTavish (Lewis), Rey Gallegos (Diaz), Jake La Botz (Reese), Ken Howard (Arthur Marsh).
Producción: Avi Lerner, John Thompson y Kevin King Templeton.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Glen MacPherson.
Montaje: Sean Albertson.
Diseño de producción: Franco-Giacomo Carbone.

Los fabricantes de balas aplauden extasiados ante la vuelta al cine de John J. Rambo, el veterano de Vietnam al que tradicionalmente se le ha acusado de problemas de motricidad en sus miembros inferiores, a pesar de que jamás haya dicho en ninguna película la famosa frase de “no siento las piernas”.

En esta ocasión, Rambo (Sylvester Stallone), que sigue viviendo “día a día”, aunque esta vez en Tailandia, accede a llevar a un grupo de misioneros, entre los que se encuentra Sarah (Julie Benz) a la frontera con Birmania (o Myanmar, como prefieran). Evidentemente, el malvado ejército birmano no ve con muy buenos ojos que una pandilla de occidentales se dedique a hacer más agradable la vida del pueblo que tantos esfuerzos les cuesta a ellos masacrar y/o aterrorizar, y pronto les capturarán con aviesas intenciones. Así, Rambo tendrá que volver a empuñar su arco y ponerse al frente de un grupo de mercenarios para salvarles.

Confiésenlo: seguro que alguna vez se han imaginado cómo sería un capítulo de El equipo A en el que todas las balas que disparan encontrasen recipientes humanos, en vez de impactar contra el suelo, los vehículos o el aire. Pues el amigo Sly ha respondido a sus plegarias, desatando una orgía de sangre y violencia que no sé yo si harían vomitar a una cabra, pero que deja en mal lugar a las picadoras de carne de las carnicerías. Mutilaciones, cercenaciones, decapitaciones, destripamientos… todo lo imaginable y alguna cosilla inimaginable se dan cita en esta cuarta (¿y definitiva?) entrega.

Cierto es que ya no anda sin camiseta, que la cinta al pelo es más comedida, y que ha cambiado su enorme cuchillo por un machete de andar por casa, pero créanme, al tío le sobra con eso para liarla parda en plena jungla, aunque sea en un país en el que sólo parece llover de noche. Stallone no ha reparado en vísceras, tiros y sangre, ahora que se ha puesto él al frente de la dirección.

Como resultado, la peli prefiere centrarse en la casquería que en el conflicto interior de Rambo, lo cual no deja de ser acertado, teniendo en cuenta que John J. no es de los que resuelve las disputas hablando amigablemente, al menos mientras tenga algo que explote a lo que echar mano. En general, el ritmo es adecuado, si bien en los momentos de mayor frenesí uno no puede evitar preguntarse si a ese no lo había matado ya dos o tres veces.

La interpretación de Stallone se limita a un par de carreras, y a disparar armas lo más grandes posibles. Eso sí, en esta ocasión, ni los coprotagonistas ni el antagonista tienen el menor peso (en su mayoría ni siquiera tienen nombre), y se erigen en meras excusas para que el ex-militar “vuelva al infierno”, con lo que la venganza no se torna tan sangrientamente dulce como en anteriores entregas.

Porque a decir verdad, disfrutamos de Rambo porque los malutos siempre se acaban llevando su merecido de la forma más dolorosa y cruel posible, sin pensar acerca de lo mala que es la violencia, lo incorrecto que es acabar con una vida humana aun cuando ésta es execrable, y todas estas reflexiones que, sinceramente, en una peli así, están bastante de más. Por eso, a pesar de que John Rambo no satisface al 100%, tampoco es del todo mal epílogo a una saga que ha dejado más cadáveres a su paso que la peste negra. Aunque no se quite la camiseta.

Valoración: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.