Los crímenes de Oxford

20 01 2008

loscrimenesdeoxfordNacionalidad: España.
Año: 2008.
Duración: 110 min.
Dirección: Álex de la Iglesia.
Guión: Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría; basado en la novela de Guillermo Martínez.
Intérpretes: Elijah Wood (Martin), John Hurt (Arthur Seldom), Leonor Watling (Lorna), Julie Cox (Beth), Anna Massey (Sra. Eagleton), Alex Cox (Kalman), Dominique Pinon (Frank), Jim Carter (inspector Petersen).
Producción: Gerardo Herrero, Mariela Besuievsky, Álvaro Augustin, Kevin Loader, Frank Ribiere y Verane Frediani.
Música: Roque Baños.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Montaje: Alejandro Lázaro.
Diseño de producción: Cristina Casali.

Confieso que Álex de la Iglesia es uno de los escasos nombres del cine que es capaz de moverme a ver una película patria, y supongo que la causa principal es que el bilbaíno tiene claro que, por encima de otras muchas funciones loables, el cine es entretenimiento. Los crímenes de Oxford es fiel a ese principio, y bien que se agradece.

Martin (Elijah Wood) es un doctorando llegado desde Arizona a la mismísima Universidad de Oxford, en la cual espera que su tesis sea dirigida por el eminentísimo Arthur Seldom (John Hurt), un profesor de lógica un tanto descreído. A pesar de que pronto se dan cuenta que ambos tienen puntos de vista encontrados, no les quedará más remedio que unir sus brillantes mentes para descubrir quién es el asesino en serie que intenta captar la atención de Seldom mediante juegos matemáticos.

Se ha dicho por ahí que esta es la película menos personal de Álex de la Iglesia, y a decir verdad, aquí ni hay grandes secuencias de acción ni existe ese humor negro que suele impregnar la filmografía del director vasco. Es más, si de algo peca Los crímenes de Oxford es de necesitar largos discursos y diálogos en los que se pueda seguir el proceso lógico de los personajes, cosa nada sencilla, puesto que mezcla filosofía, lógica, matemáticas e incluso física cuántica, si bien en dosis lo suficientemente livianas como para no provocar daños cerebrales irreversibles a los que hayan sufrido la ESO. La mano dirigiendo de de la Iglesia tiene su parte de mérito en eso, también, como en dos magníficas secuencias (el falso plano secuencia que precede al primer crimen y el concierto de conmemoración de Guy Fawkes) que son sin duda lo mejor de la película.

Eso sí, a veces es un poco extraña la forma en la que los personajes interaccionan: Martin llega a una ciudad nueva donde no conoce a nadie, y a los 20 minutos, tras sólo intercambiar unas palabras con Beth (Julie Cox) y Lorna (Leonor Watling), ya tiene a las dos en el bote: ríase usted del efecto Axe. Por cierto, viendo el desastre que suele acontecer cuando un actor se dobla a sí mismo, es de agradecer que a Leonor Watling también la hayan doblado. Eso sí, todo lo demás que aparece en pantalla es suyo, y bien que se agradece, aunque su papel, sin duda es el más flojo de todos, sobre todo por lo mal perfilado que está. Evidentemente, John Hurt brilla con luz propia, y Elijah Wood también está bien, aunque esos ojos de muñeca de porcelana distraigan lo suyo.

Al final ocurre lo de siempre: giros, recontragiros y demás piruetas mortales para acabar con un final que, si bien dentro de la extraña lógica del filme no desentona demasiado, resulta tan complicado y tan improbable que uno se queda con la sensación de que le han escatimado algo por el camino. Eso sí, si el Sudoku se le queda corto, esta es su película.

Valoración: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





El espía

13 01 2008

elespiaTítulo original: Breach.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 110 min.
Dirección: Billy Ray.
Guión: Billy Ray, Adam Mazer y William Rotko; basado en un argumento de Adam Mazer y William Rotko.
Intérpretes: Chris Cooper (Robert Hanssen), Ryan Phillippe (Eric O’Neill), Laura Linney (Kate Burroughs), Dennis Haysbert (Dean Plesac), Caroline Dhavernas (Juliana), Gary Cole (Rich Garces), Kathleen Quinlan (Bonnie Hanssen).
Producción: Bobby Newmyer, Scott Strauss y Scott Kroopf.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Tak Fujimoto.
Montaje: Jeffrey Ford.
Diseño de producción: Wynn Thomas.

Los Usamericanos tendrán muchos defectos, pero hay que reconocerles que no les duelen prendas a la hora de hacer pelis sobre sus pifias y meteduras de patas. Vamos, lo mismito que aquí. En Breach (el título original, que viene a significar “grieta”, en referencia a la fuga de información) se habla de cómo se consiguió detener al “mayor espía de todos los tiempos” o algo parecido que sueltan en algún momento de la peli (a saber qué pensará James Bond de esto).

Aunque parezca que les he destripado la cosa, tranquilos, que la película empieza constatando ese hecho, y lo más importante no es el qué, sino el cómo. Y el cómo tiene que ver con Eric O’Neill (Ryan Phillippe), un joven y ambicioso aspirante a agente especial del FBI que va a ser contactado por Kate Burroughs (Laura Linney) para que se convierta en el secretario del agente Robert Hansen (Chris Cooper), el mejor analista de inteligencia sobre asuntos de Rusia, y sobre el cual planea la sospecha de que puede estar vendiendo secretos de estado.

Así que lo que nos espera, al menos en apariencia, es un duelo de inteligencias entre el joven Eric y el veterano Hansen. Y digo en apariencia porque lo que se ve en pantalla dista bastante de cosas como las que hemos visto en otras películas, en plan Donnie Brasco o Infiltrados, donde se analiza la relación que acaban teniendo el investigador y el investigado, y que acaba desembocando en el conflicto moral que se desata entre traicionar la confianza de alguien que acaba formando parte de tu vida, o “servir a tu país”, que si bien a nosotros nos puede sonar a patriotismo barato, allí se lo toman bastante en serio (aunque de todas formas, ellos han ganado tantos mundiales de fútbol como nosotros, así que el sentimiento patriótico tampoco debe ser tan útil): aquí no hay verdadera relación humana entre O’Neill y Hansen, a pesar de que vayan juntos a misa.

También en algunas escenas nos intentan introducir las repercusiones familiares que le trae el caso a O’Neill, pero como el personaje de su esposa Juliana (Caroline Dhavernas) no está excesivamente bien perfilado, nunca parecen creíbles sus reacciones, así que se echa en falta algo más de tensión dramática. En realidad, toda la película adolece del mismo problema: nunca hay un conflicto verdaderamente intenso que nos haga temer por el destino del protagonista, o que genere algo de emoción. Todo está correctamente filmado, interpretado y guionizado, sin duda, pero nunca hay una verdadera intriga del tipo “a ver cómo sale de esta”, salvo en una escena un tanto extraña que se produce casi al final en un bosque, y que no desvelaremos aquí.

A nivel actoral no hay peros que ponerle a El espía: Chris Cooper encarna con soltura a un personaje decididamente ambiguo e inquietante, mientras que Ryan Phillippe tampoco desentona a su lado. El resto del reparto cumple, si bien los secundarios no tienen un peso demasiado importante en la trama.

El espía es una película bien hecha, entretenida y profesional, pero a pesar de todo, le falta algo de alma para acabar de enganchar y hacerse inolvidable. Todo resulta bastante frío y aséptico, tendiendo más hacia el docudrama que hacia el cine clásico de espías. Con razón Hansen no se fiaba de la tecnología.

Valoración: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.