Título original: War.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 103 min.
Dirección: Philip G. Atwell.
Guión: Lee Anthony Smith y Gregory J. Bradley.
Intérpretes: Jet Li (Rogue), Jason Statham (Jack Crawford), John Lone (Chang), Devon Aoki (Kira), Luis Guzmán (Benny), Saul Rubinek (Dr. Sherman), Ryo Ishibashi (Shiro), Sung Kang (Goi), Nadine Velazquez (Maria), Andrea Roth (Jenny Crawford), Mark Cheng (Wu Ti).
Producción: Steven Chasman, Christopher Petzel y Jim Thompson.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Pierre Morel.
Montaje: Scott Richter.
Diseño de producción: Chris August.
Al igual que la sola mención de Brad Pitt y George Clooney en una película hace que nos imaginemos trajes elegantes, sitios caros y fina ironía, la aparición en una película de acción de nombres como Jet Li y Jason Statham evoca adrenalina, sudor varonil, y más palos que en un DVD de lucha libre.
Resulta que Jason Statham hace de Jack Crawford, un agente del FBI que, desde el asesinato a sangre fría de su compañero, en el que también mueren la mujer e hija de éste, busca venganza. El responsable del crimen es Rogue (Jet Li), un peligrosísimo asesino a sueldo que está haciendo estragos en una de las principales familias Yakuza de San Francisco, y que, para mantenerse en el anonimato, se hace la cirugía cada menos tiempo que Marujita Díaz.
El asesino (War) va pasando por absolutamente todos los topicazos del cine de acción: la venganza ante la muerte de seres queridos, el asesino que viste de marca y usa un deportivo que es de todo menos discreto, la visita a los clubes de striptease… no falta ni siquiera el matrimonio deshecho por la obsesión y la culpa.
La realización de Philip G. Atwell es, por decirlo delicadamente, incomprensible. En los primeros minutos de película se establece de manera inequívoca que Rogue tiene una marca propia: emplea balas de titanio. Pues bien, a los quince minutos de peli, Crawford vuelve a encontrarse en una masacre, y se topa con los casquillos de las balas de titanio. En ese momento, el director considera que es posible que alguien ya se haya olvidado de qué significaba eso, y nos obsequia con un flashback donde se repasa lo que ocurrió en los catorce minutos anteriores. Lo nunca visto. Eso sí, a medida que avanza la historia (es un decir), y se mezclan personajes, tramas y situaciones varias, no se tienen reparos en hacerlo todo de la forma más confusa posible, para preparar un giro final inesperado, que haga ridícula e inútil toda reinterpretación de la película.
Pero más allá de lo poco convincente de guión o dirección, lo peor de todo es que cojas a Li y a Statham, y no se te ocurra hasta que quedan 10 minutos para el final que estos tipos están aquí para darse yoyas. Es decir, 103 minutos de película de los cuales se emplean unos cinco, siendo generosos, en escenas de acción. Y es que en esta cinta, Statham tiene más líneas de diálogo que en todas sus anteriores películas juntas, lo cual no ayuda mucho. Cómo será la cosa, que hasta habla en japonés. Lo poco que hay, además, está fatal rodado, y acaba mareando más que la propia web de War (abajo tienen el link, por si quieren comprobar el aguante de su estómago). Una persecución cutre, unos tiritos para que el respetable no acabe de coger el sueño, y hala, otra horita y media larga tirada a la basura. Para que luego digan que no hacen falta los guionistas.
En fin, una tortura que ni siquiera tiene la decencia de ser breve, y que hace que dos “duros” como Jet Li y Jason Statham parezcan ancianitas que se juegan la dentadura postiza al ajedrez. Tan apetecible como un bocadillo de arena. Y por si fuera poco, sale Devon Aoki.
Valoración: mala.

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