El ultimátum de Bourne

28 08 2007

elultimatumdebourneTítulo original: The Bourne Ultimatum.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 111 min.
Dirección: Paul Greengrass.
Guión: Tony Gilroy, Tom Stoppard, Scott Burns y Paul Attanasio; basado en la novela de Robert Ludlum.
Intérpretes: Matt Damon (Jason Bourne), Julia Stiles (Nicky Parsons), Joan Allen (Pamela Landy), David Strathairn (Noah Vosen), Paddy Considine (Simon Ross), Scott Glenn (Ezra Kramer), Edgar Ramírez (Paz), Albert Finney (Dr. Albert Hirsch).
Producción: Frank Marshall, Patrick Crowley y Paul L. Sandberg.
Música: John Powell.
Fotografía: Oliver Wood.
Montaje: Christopher Rouse.
Diseño de producción: Peter Wenham.

Las aventuras de Jason Bourne parecen haber llegado a su fin, no sólo porque se supone que la tercera entrega cinematográfica cierra el ciclo, sino porque el creador del personaje, el estadounidense Robert Ludlum falleció hace unos años. Aunque teniendo en cuenta que Ian Fleming murió hace más de cuarenta, y seguimos viendo a Bond por la pantalla grande, habrá que esperar acontecimientos.

Si en la segunda parte habíamos dejado a Bourne (Matt Damon) en Rusia, acosado y herido, en esta tercera retomamos el hilo de la narración en ese mismo punto. Sin embargo, un reportaje del periodista Simon Ross (Paddy Considine) le pone sobre la pista de alguien que puede ayudarle a rellenar los huecos de su memoria. Pero llegar a él antes que la CIA no será cosa fácil, sobre todo porque el subdirector Noah Vosen (David Strathairn) quiere muerto a Bourne, y de paso, a todo el que se le acerque.

Si las anteriores entregas tenían un ritmo elevado, al lado de esta se quedan a la altura de las pelis de Wong Kar-wai. En efecto, además de tener un montaje hiperacelerado, Greengrass (director también de la segunda entrega, El mito de Bourne) da la impresión de haber sufrido un ataque epiléptico mientras rodaba en medio de un terremoto. Y hay que reconocer que entre ese movimiento, y que Bourne no es muy dado a largos discursos ni a ligar con cada bombón que se cruza en su camino, no hay tiempo para el aburrimiento. Supongo que, de paso, también servirá para que más de un paquete de palomitas acabe antes de tiempo en el fondo de un inodoro, pero eso es otro tema.

Así, Bourne viaja por medio mundo (incluyendo Madrid, España) y machaca también a medio mundo, con algunas secuencias realmente espectaculares (la persecución por los tejados de Tánger, sin ir más lejos) y que dejan claro que es más difícil cargarse a este hombre que a una cucaracha con armadura.

Damon está creíble en su papel de Bourne, y aunque sólo sea por la forma de rodar las peleas (en las que los golpes no se ven, sino que se intuyen), la verdad es que da la impresión de poder hacer llorar a Steven Seagal. El resto del reparto no tiene demasiados minutos en pantalla, salvo quizás Joan Allen y David Strathairn, que suben el nivel de la producción, sobre todo este último. El más desaprovechado de todos es Scott Glenn, que apenas dice un par de frases.

Como resultado, El ultimátum de Bourne es una gran película de acción, que no se para demasiado en disquisiciones filosóficas, y que debe intentar verse lejos de las primeras filas, para que le de tiempo al oído interno a adaptarse.

Valoración: buena.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Locos por el surf

24 08 2007

locosporelsurfTítulo original: Surf’s Up.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 85 min.
Dirección: Ash Brannon y Chris Buck.
Guión: Don Rhymer, Ash Brannon, Chris Buck y Christopher Jenkins; basado en un argumento de Christopher Jenkins y Christian Darren.
Interpretación: Shia LaBeouf (Cody Maverick), Zooey Deschanel (Lani Aliikai), Jeff Bridges (Big Z/Friki), Jon Heder (Chicken Joe), James Woods (Reggie Belafonte), Mario Cantone (Mikey Abromowitz), Diedrich Bader (Tank Evans), Dana L. Belben (Edna Maverick).
Producción: Chris Jenkins.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Andres Martinez.
Montaje: Ivan Bilancio.
Diseño de producción: Paul Lasaine.

He aquí la aportación de Sony Pictures al mundo pingüino, que en los últimos años está copando las carteleras. Debe ser que gatos, perros, leones, elefantes y demás cuadrúpedos ya han dado todo lo que debían por el momento, y puesto que hormigas, abejas y arañas también han hecho sus pinitos en el cine, les ha llegado el turno a estas simpáticas aves, al menos hasta que a alguien le de por fijarse en el narval, o en el dugongo.

Cody Maverick (Shia LeBeouf en el original) es un pingüino que, según sus propias palabras, no canta ni baila, pero es el mejor surfista de su Frío de Janeiro natal. Aprovechando la visita de un cazatalentos, consigue llegar a la isla de Pen Gu, en compañía de Chicken Joe (Jon Heder), un gallo surfista, donde se celebra un Campeonato de Surf en memoria de Z, el mejor pingüino surfista de la historia. Allí conocerá a la socorrista Lani (Zooey Deschanel), y al peculiar Friki (Jeff Bridges), que le ayudarán a derrotar al invencible Tank “Triturador” Evans (Diedrich Bader).

¿Por qué los pingüinos han de hacer surf?, se preguntarán. Yo supongo que con esas aletas y esas patitas, mucho futuro en el baloncesto o al fútbol no tienen. Y definitivamente, el ajedrez y el póquer son un rato aburridos para una peli. Así que, o bien jugaban a la petanca, o les ponían una tabla debajo, con lo que han optado por meter el tema del surf, que en el fondo no es más que una metáfora como cualquier otra de la superación personal, de que lo importante no es ganar sino participar, y que si se tiene un gran corazón, lo demás es accesorio. Como Rocky, pero sin leñazos, vamos.

El invento tiene un punto de originalidad, puesto que está presentado como un documental que va siguiendo a los protagonistas, de forma que exponen sus sentimientos, pensamientos, sueños y temores frente a la cámara. Así se solventa el delicado tema de darle al coco para que el espectador entienda el conflicto interior de cada uno, y se vaya al meollo del asunto, a saber, los chistes (los hay buenos, tranquilos), y el surf.

El caso es que surf hay para dar y tomar. Ni en todas las partes juntas de Tiburón había tanta agua, que, eso sí, informática mediante, presenta un aspecto verdaderamente espectacular. La física del agua es absolutamente increíble, y las escenas en las que se puede ver el “tubo” o la espuma envolver a los protagonistas, llaman la atención por su calidad. Bien porque los responsables estaban orgullosos del aspecto final o bien porque se dieron cuenta de que no tenían peli para llenar 85 minutos, el gran azul predomina sobre todo lo demás.

Los personajes, sin llegar a hacerse del todo repelentes, tampoco son el no va más de la entrañabilidad (no sé si existe esta palabra), quizás por esa mezcla extraña que han hecho de voces y de acentos en la versión española. Que salga Manolo Lama como comentarista hace enarcar las cejas, pero pingüinos con acento andaluz ya rozan lo surrealista.

Así que un mensaje políticamente correcto más, bajo un envoltorio bastante cuidado y tan fácilmente accesible como olvidable. La marea no tardará mucho en llevársela de la memoria.

Valoración: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Skinwalkers

22 08 2007

skinwalkersTítulo original: Skinwalkers.
Nacionalidad: USA y Alemania.
Año: 2006.
Duración: 110 min.
Dirección: James Isaac.
Guión: James DeMonaco, Todd Harthan y James Roday.
Intérpretes: Jason Behr (Varek), Elias Koteas (Jonas), Rhona Mitra (Rachel), Kim Coates (Zo), Natassia Malthe (Sonja), Matthew Knight (Timothy), Sarah Carter (Katherine), Tom Jackson (Will).
Producción: Dennis Berardi y Don Carmody.
Música: Andrew Lockington.
Fotografía: David A. Armstrong y Adam Kane.
Montaje: Allan Lee.
Diseño de producción: David Hackl.

Un mérito hay que reconocerle a esta Skinwalkers: hace parecer buenas todas las películas restantes con licántropos. Y aunque esto parezca fácil, hay que recordar que están recientes las dos entregas de Underworld, que también tenían delito. En cierta medida, Skinwalkers es deudora de estas, aunque sólo sea por el aspecto zarrapastroso que tienen los malos.

Más o menos, se nos cuenta la disputa entre dos clanes de hombres-lobo en torno a un niño de 12 años, Timothy (Matthew Knight), que es el elegido de una profecía, y que en teoría, puede convertir a estos semihumanos en humanos del todo. O en lobos del todo, que tampoco me quedó claro. Los malutos, encabezados por Varek (Jason Behr), quieren encontrarle para acabar con él. Los buenos, entre los que se encuentra su madre, Rachel (Rhona Mitra), y Jonas (Elias Koteas), harán todo lo posible por salvarle la vida.

Y así andan, a tiros las más de las veces, y a palos el resto, que si estuviera medianamente bien hecho, no estaría mal la cosa, pero es que es difícil hacerlo peor. Al principio, como hay un número limitado de personajes, todo resulta como un capítulo de El equipo A: disparan y disparan, pero no dan a nadie. Eso sí, no encierran a los protas en ningún garaje. Después, cuando se dan cuenta de que un enfrentamiento final de cuatro contra cuatro sólo tiene gracia en una Royal Rumble, empiezan a aligerar gente por las buenas. Aunque más avergonzante resulta el flirteo entre Timothy y su enfermera, que espantará a los que aún no se hayan ido de la sala.

Los FX también son bastante malos, y llama la atención que el Stan Winston Studio tenga algo que ver con ellos, pero imagino que el dinero siempre pone el límite de calidad. A la misma altura están las actuaciones, de tal manera que Elias Koteas está todo el filme con cara de “Dios mío, que caiga un rayo y me fulmine ahora mismo”. Al menos, fue lo que yo deseé que me pasara.

Todo el mundo debería alejarse lo más posible de Skinwalkers, a no ser que se tenga un malsano interés en ver a Elias Koteas con pelo. Con mucho pelo.

Valoración: pésima.

Ficha en IMDb.

Web oficial.





White noise 2: La luz

21 08 2007

whitenoise2laluzTítulo original: White Noise 2: The Light.
Nacionalidad: USA y Canadá.
Año: 2007.
Duración: 99 min.
Dirección: Patrick Lussier.
Guión: Matt Venne.
Interpretación: Nathan Fillion (Abe Dale), Katee Sackhoff (Sherry Clarke), Craig Fairbrass (Henry Caine), Adrian Holmes (Marty Bloom), Kendall Cross (Rebecca Dale), Teryl Rothery (Julia Caine), William MacDonald (Dr. Karras), David Milchar (Kurt), Josh Ballard (Danny Dale), David Milchard (Kurt).
Producción: Shawn Williamson.
Música: Normand Corbeil.
Fotografía: Brian Pearson.
Montaje: Tom Elkins y Patrick Lussier.
Diseño de producción: Andrew Neskoromny.

Otra película con tema sobrenatural al canto. Esta vez, es la secuela de aquella White Noise: Más allá que protagonizara Michael Keaton, aunque en esta ocasión apuesta por actores algo menos conocidos, un presupuesto algo menor, y sobre todo, un resultado algo peor. Como ya la primera parte fue de todo menos buena, imagínense lo que nos vamos a encontrar aquí.

Eso sí, en vez de estirar el asunto de los FVE (Fenómenos de Voz Electrónica), ahora tenemos a Abe (Nathan Fillion, de sobra conocido por los seguidores de Firefly y de su secuela cinematográfica, Serenity), que, tras sufrir una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) después de intentar suicidarse por la violenta pérdida de su mujer e hijo, es capaz de saber qué persona va a morir en los próximos momentos, ya que ve un aura de luz blanca envolviéndolos. Cuando lo descubre, hará todo lo posible por salvarlos de su funesto destino, incluyendo a su propia enfermera, Sherry (Katee Sackhoff, la “Starbuck” de Galáctica, Estrella de Combate).

Si algo resulta verdaderamente llamativo en esta peli, aparte del hecho de que se hayan permitido el lujo de estrenarla en cines, es la cantidad de apariciones fantasmales que hay en ella; es más, yo creo que el número de espectros supera al de actores de carne y hueso por goleada. Esto hace que el impacto de cada una de ellas sea igual o menor que cero, y a la segunda o la tercera sorprenden tanto como un atasco en vacaciones. Es más, resultan igual de entretenidas.

El guión vale menos que el papel en el que está escrito. Desde una tragedia inicial horrendamente presentada, sin emoción ni dramatismo alguno (alguien debería decirle al director, Patrick Lussier, responsable de perpetrar cosas como Drácula 2001, que no basta con usar cámara lenta ni contrapicados para conseguirlo), a una resolución tan absurda como inverosímil, todo lo que pasa está metido a la fuerza para que la narración avance, y aún así, no avanza mucho, porque apenas daría para una hora. El resto se solventa metiendo fantasmas de esos pálidos que dan mucho susto. O deberían, porque la dirección es tan floja, que ni a golpes de esos de trombón por los altavoces logra crear clímax.

Nathan Fillion no es que sea un actorazo (al menos por lo demostrado hasta ahora), pero suele darle a sus personajes un toque de ironía que se agradece. Aquí ni siquiera puede hacerlo, así que resulta tan expresivo como los fantasmas que le asaltan. En cuanto a Katee Sackhoff, lo máximo que se puede decir de ella es que tiene las puntas del pelo de color violeta. Del resto del reparto, destacar a Josh Ballard, el niño que hace de hijo de Fillion, porque parece un clon diminuto de Eminem.

Gran fiasco, pues, aunque viendo la primera parte, no era de esperar otra cosa. Y ya saben, en caso de duda, corran hacia la luz. A poder ser, hacia la que está encima de la puerta de salida del cine.

Valoración: mala.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.





Programa doble de terror

19 08 2007

programadobledeterrorManga Films, como respuesta a la desafortunada iniciativa de haber separado en los países de habla no inglesa Grindhouse, el proyecto conjunto de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, en dos películas separadas (mientras que Planet Terror ya ha sido estrenada el 3 de agosto, para Death Proof habrá que esperar aún al 31), decidió hacer su propio programa doble de cine de terror, incluyendo en la misma sesión (y no olvidemos, al precio de una sola entrada) dos estrenos como Desmembrados y Ovejas Asesinas.

Más allá de la calidad de las películas, se agradece que Manga Films tome el riesgo de hacer un lanzamiento de estas características, dándonos la oportunidad de asistir a una sesión doble la mar de divertida. Un diez para Manga Films, sin duda.

Web oficial.