Título original: Premonition.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 110 min.
Dirección: Mennan Yapo.
Guión: Bill Kelly.
Intérpretes: Sandra Bullock (Linda Hanson), Julian McMahon (Jim Hanson), Nia Long (Annie), Kate Nelligan (Joanne), Amber Valletta (Claire), Peter Stormare (doctor Norman Roth).
Producción: Ashok Amritraj, Jon Jashni, Adam Shankman, Jennifer Gibgot y Sunil Perkash.
Música: Klaus Badelt.
Fotografía: Torsten Lippstock.
Montaje: Neil Travis.
Diseño de producción: J. Dennis Washington.
Las premoniciones han dado bastante juego en esto del cine, sobre todo a la hora de facturar thrillers o cintas de terror. Como allá por el año 2000, a algún espabilado se le ocurrió titular Premonición a The Gift (que viene a significar algo así como “el don”), la peli de Raimi, pues claro, cuando llegase antes o después una titulada Premonition, pues ya estaba liada. Sin embargo, en un alarde de capacidad intelectual, se le dejó el título en inglés, y se le añadió un subtítulo en español. Desde luego, aquí sí que son visionarios para estas cosas.
Premonition: siete días trata de la familia Hanson (nada que ver con los que cantaban, afortunadamente), compuesta por el padre, Jim (Julian McMahon, conocido por hacer del doctor Troy en la serie Nip/Tuck), la madre, Linda (Sandra Bullock), y las dos hijas pequeñas, Megan (Shyann McClure) y Bridgette (Courtney Taylor Burness). Un buen día, a Linda le comunican que Jim ha tenido un accidente mortal de tráfico. Sin embargo, cuando se despierta al día siguiente, Jim está vivo y en perfecto estado, lo que evidentemente desconcierta a Linda. Y más cuando al día siguiente vuelve a estar muerto, y así sucesivamente, con lo que Linda se siente cada vez más desconcertada ante el puzzle en el que se ha convertido su vida.
Si bien estamos ante un interesante punto de partida, su desarrollo es bastante monótono y un poquito pesado, la verdad. Y yo creo que buena culpa la tendrá el director, Mennan Yapo, que no consigue en ningún momento darle intensidad o tensión a la trama, más allá de la propia que tiene el guión de Bill Kelly.
Hablando del guión, sí hay que reconocer que expone bien los acontecimientos, y que, a pesar de los continuos saltos temporales, todo va encajando en su momento, sin que exista esa sensación de confusión que muchas veces caracteriza a los filmes que juegan con varias líneas temporales. Eso sí, hay unas cuantas trampas para conseguirlo, como el hecho de que se oculten la mayoría de los detalles del accidente de tráfico para mantener el misterio hasta el final, o la cuestión de que los saltos temporales no sigan ningún orden concreto. El clímax final, al que se llega cuando ya el espectador empieza a envidiar la suerte de Jim al haber muerto al poco de empezar, resulta tan forzado como absurdo, y destroza lo poco salvable de la peli.
Sandra Bullock, que no suele prodigarse en papeles dramáticos, hace lo que puede, que no es demasiado. El resto del reparto también trabaja con profesionalidad, aunque son meros apoyos dramáticos, y no tienen tiempo para alardes.
Daba para bastante más de sí, aunque se ha quedado a medias. Quizás la memoria sea benévola, y aniquile cualquier recuerdo de esta cinta lo más pronto posible: a poder ser, antes de siete días.
Valoración: mala.

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