Título original: Cronos.
Nacionalidad: México.
Año: 1993.
Duración: 94 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro.
Intérpretes: Federico Luppi (Jesús Gris), Ron Perlman (Ángel de la Guardia), Claudio Brook (Dieter de la Guardia), Margarita Isabel (Mercedes Gris), Tamara Shanath (Aurora Gris), Daniel Giménez Cacho (Tito), Mario Iván Martínez (alquimista).
Producción: Arthur Gorson y Bertha Navarro; coproducción de Bernard L. Nussbaumer y Alejandro Springall.
Música: Javier Álvarez.
Fotografía: Guillermo Navarro.
Montaje: Raúl Dávalos.
Diseño de producción: Tolita Figuero.
Dirección artística: Brigitte Broch.
Guillermo del Toro debutó en la pantalla grande con Cronos, otra vuelta de tuerca más al mito de la inmortalidad humana, que le sirvió para ganar un montón de premios Ariel (el equivalente a los Oscar mexicanos), y también cosechó grandes resultados en Cannes o en Sitges, entre otros.
El mexicano, autor también del guión, nos cuenta la historia de un anticuario, Jesús Gris (Federico Luppi), que encuentra casualmente un invento diseñado por el alquimista Fulcanelli (que del Toro sitúa en el siglo XVI, a pesar de que Fulcanelli nació en el XIX) llamado el “artilugio de Cronos”. Al parecer, ese artefacto contiene el secreto de la vida eterna, por lo que el magnate Dieter de la Guarda (Claudio Brook), que ve llegar sus últimos días, manda a su sobrino Ángel (Ron Perlman) a hacerse con él a cualquier precio.
Al igual que en su más reciente obra, El laberinto del fauno, destacan dos elementos que parecen gustarle a del Toro: uno es la personificación de la inocencia en la figura de una niña -en este caso, la nieta de Jesús, Ángela-; otro es la afición a los planos en movimiento, ya sea con travelling o con grúa. Además, también hace uso (y abuso) de la oscuridad, que se hace más presente a medida que el metraje avanza, bien para remarcar el descenso psicológico de Luppi a los infiernos, o bien con la intención de tapar los posibles defectos del maquillaje, muy artesanal. En este sentido, destaca el cuidado diseño de producción que caracteriza los trabajos del mexicano.
El guión no es lo que podríamos llamar “original”, sin duda. Cronos recuerda fuertemente a varios trabajos de Cronenberg, sobre todo en la paulatina deshumanización de Gris, e incluso en más de una ocasión Federico Luppi es la viva imagen del Drácula de Christopher Lee. Tampoco hay demasiado cuidado en presentar a los personajes, y ya que una parte importante de la trama se basa en la relación entre abuelo y nieta, no estaría de más haberle prestado atención a ese aspecto de la narración, que, por otra parte, es lineal y sin demasiada profundidad.
Eso sí, uno de los grandes aciertos del guión es alejarse de los típicos clichés sobre los vampiros, tomando un rumbo completamente distinto al chupasangres glamouroso al que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood. En este caso, aparte de la vida eterna, pocos dones más se le conceden a los vampiros. Ni siquiera hay orgías: eso se reserva para otros seres primigenios como Mick Jagger.
De todas formas, para los seguidores de Guillermo del Toro, Cronos es una cita inexcusable, ya que forma parte importante del universo creativo de su autor, con esa imaginería barroca y siniestra que hace poco le ha servido para, entre otras cosas, llevarse a casa tres Oscar. Pero ya saben, si ven un extraño reloj, absténganse de darle cuerda.
Valoración: buena.

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