Título original: Blood Diamond.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 143 min.
Dirección: Edward Zwick.
Guión: Charles Leavitt; basado en un argumento de Charles Leavitt y C. Gaby Mitchell.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Danny Archer), Jennifer Connelly (Maddy Bowen), Djimon Hounsou (Solomon Vandy), Michael Sheen (Simmons), Arnold Vosloo (coronel Coetzee), Kagiso Kuypers (Dia Vandy), David Harewood (‘Capitán Veneno’), Basil Wallace (Benjamin Kapanay).
Producción: Paula Weinstein, Edward Zwick, Marshall Herskovitz, Graham King y Gillian Gorfil.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Eduardo Serra.
Montaje: Steven Rosenblum.
Diseño de producción: Dan Weil.
En los títulos finales de Diamante de sangre se acaba haciendo referencia al Proceso de Kimberley, un acuerdo internacional que exige a los países exportadores de diamantes, que dichas piedras preciosas vengan certificadas por el gobierno de que han sido obtenidas en dicho país, con el fin de que los grupos rebeldes no se beneficien de esa exportación, y puedan seguir financiando las guerras civiles.
La acción nos sitúa en Sierra Leona, en 1999, donde la tranquila aldea de Solomon Vandy (Djimon Hounsou) es atacada y masacrada por el Frente Revolucionario Unido (FRU), con el Capitán Veneno (David Harewood) al frente. Aunque Solomon logra salvar a su familia, él es capturado, y obligado a trabajar en las minas de diamantes. Justo cuando encuentra un diamante rosa de enorme tamaño, el ejército local ataca la mina y encierra a todos en una cárcel en la que también se encuentra el contrabandista zimbabuense Danny Archer (Leonardo DiCaprio), el cual se enterará de la existencia de la piedra. Los dos unirán sus destinos, mientras Archer busca el valioso diamante, y Solomon recuperar a su familia, pero para ello necesitarán la ayuda de la periodista Maddy Bowen (Jennifer Connelly), que investiga el tráfico de diamantes en la zona.
A pesar de que la película toca varios temas (la pasividad de los organismos internacionales, la violencia entre tribus vecinas, los niños soldado o las matanzas indiscriminadas), no hay que olvidar que ante todo, Diamante de sangre es una cinta de acción, y por tanto, poco tiempo hay para detenerse en cada punto entre tiroteo y explosión. Por eso, la cosa tiene unos vaivenes de ritmo importantes, y de momentos de frenético correcalles, se pasa a largas conversaciones protagonizadas por DiCaprio y la Connelly, en las que, inevitablemente, uno tiende a fijarse más en los ojitos que se ponen, que en sus reflexiones sobre lo podrido que está el sistema.
Los actores están bien, en la medida de lo que les exigen sus personajes: DiCaprio funciona, como es habitual (en la V.O. se puede disfrutar de su trabajado acento), aunque la evolución de su personaje no case mucho con lo que uno espera de un “soldado de fortuna”; Hounsou cobra protagonismo en las escenas más dramáticas, pero su importancia en la trama va sufriendo altibajos, como los sufre el propio film; y la Connelly siempre es agradecida de ver en la pantalla, por lo guapa que es, si bien se la nota excesivamente lozana en comparación con sus dos compañeros; sin embargo, es el interés romántico de la peli, y hay que tragar con ello.
Así pues, Diamante de sangre toca aspectos muy interesantes y que deberían de despertar, al menos en parte, el interés del espectador por temas que suelen pasar desapercibidos (nadie se pararía a pensar de dónde vienen los diamantes de la joyería, ni la historia que tienen detrás); sin embargo, el formato de cinta de aventuras, hace que todas estas cuestiones sean poco más que un telón de fondo donde los protagonistas saltan, corren y disparan, dejando poco espacio a la reflexión. Como ocurre con los diamantes, que con su brillo nos impiden ver más allá de la superficie.
Valoración: regular.

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