Título original: The Messengers.
Nacionalidad: USA y Canadá.
Año: 2007.
Duración: 84 min.
Dirección: Danny Pang y Oxide Pang.
Guión: Mark Wheaton; basado en un argumento de Todd Farmer.
Intérpretes: Kristen Stewart (Jess Solomon), Dylan McDermott (Roy Solomon), Penelope Ann Miller (Denise Solomon), John Corbett (John Burwell), Evan Turner (Ben), Theodore Turner (Ben), William B. Davis (Colby Price), Brent Briscoe (Plume), Dustin Milligan (Bobby), Jodelle Ferland (Michael).
Producción: Sam Raimi, Rob Tapert, William Sherak y Jason Shuman.
Música: Joseph LoDuca.
Fotografía: David Geddes.
Montaje: John Axelrad y Armen Minasian.
Diseño de producción: Alicia Keywan.
Los gemelos Danny y Oxide Pang aún no deben haber superado el trauma de la inventiva con la que sus padres les bautizaron, y por eso, vuelven con otra película de terror de estas con fantasmas pálidos y de movimientos extraños.
La familia Solomon, compuesta por el padre, Roy (Dylan McDermott); la madre, Denise (Penelope Ann Miller); la adolescente problemática, Jess (Kristen Stewart); y el peque de la casa, Ben (Evan Turner), intenta empezar de nuevo trasladándose desde Chicago a una tranquila granja de Dakota del Norte. Para salir adelante, Roy plantará girasoles, y en su empeño le ayudará John Burwell (John Corbett), que anda buscando una oportunidad para ganarse la vida.
Dudo mucho que para aquellos que las pelis de terror no sean una total novedad, no sepan de cabo a rabo lo que va a pasar a partir del minuto 15. Y no es que eso sea malo en sí mismo en una cinta de estas características, que tampoco tiene necesidad de vivir de las sorpresas del guión, pero es que, igual que se adivina la supuestamente sorprendente trama, todo lo demás también es una sucesión de tópicos tan machacados, que la verdadera sorpresa viene al comprobar que al final de la proyección sigue quedando gente en el cine. Y despierta, que es lo asombroso.
No falta de nada: los padres preocupados, el trauma familiar, los problemas de relación con la hija adolescente, el misterioso desconocido, la casa embrujada, el trágico suceso que en ella aconteció… todo es sobradamente conocido, y si ustedes son espabilados, quizá puedan ganar alguna cena apostando contra los demás qué va a pasar en cada momento. Los cuervos que atacan, la aparición por sorpresa de uno de los actores cuando en teoría iba a salir un fantasma, el susto acompañado del golpe de volumen para que el público sepa cuándo debe asustarse… para qué seguir.
La única novedad, si es que merece la pena destacarla, es que aquí, los fantasmas, en vez de desplazarse arrastrando los pies y con la cabeza gacha, se mueven como un epiléptico pisando un cable pelado. Ni siquiera las trampas infinitas del guión sirven para sacar la cosa de la previsibilidad total.
Los actores hacen lo que pueden con lo que les ha tocado hacer, y como no son españoles, cumplen con profesionalidad. En lo positivo, destacar que la tortura sólo dura 84 minutos, tiempo más que suficiente para echar una cabezadita, y mirar de reojo alguna escena suelta: por si alguien comenta algún detalle de la peli.
Una pérdida de tiempo y de dinero, pero por lo menos, se puede ver al fumador sin un pitillo en la boca. Cosas de la ley antitabaco.
Valoración: pésima.

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