Título original: Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 122 min.
Dirección: Steven Shainberg.
Guión: Erin Cressida Wilson; inspirado en el libro biográfico “Diane Arbus” de Patricia Bosworth.
Intérpretes: Nicole Kidman (Diane Arbus), Robert Downey Jr. (Lionel), Ty Burrell (Allan), Harris Yulin (David Nemerov), Jane Alexander (Gertrude Nemerov), Emmy Clarke (Grace Arbus), Genevieve McCarthy (Sophie Arbus).
Producción: William Pohlad, Laura Bickford, Bonnie Timmerman y Andrew Fierberg.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Bill Pope.
Montaje: Keiko Deguchi y Kris Boden.
Diseño de producción: Amy Danger.
Retrato de una obsesión es el logrado título con el que aquí se ha bautizado al “retrato imaginario de Diane Arbus”, la neoyorquina que revolucionó el mundo de la fotografía, gracias sobre todo a retratar personas marginales: enfermos terminales, enanos, fenómenos de circo… Su mirada es tan influyente, que incluso se cuenta que Kubrick se inspiró en una de sus fotos para las gemelas que aparecían en El Resplandor.
En la película, Diane Arbus (Nicole Kidman) ayuda a su marido Allan (Ty Burrell) con su trabajo de fotógrafo, aunque no se siente satisfecha con su vida. Por casualidad, un día ve a un hombre con máscara el día que se muda al piso de encima suyo. Atraída por el misterio que rodea a ese hombre, decide acercarse a su puerta, y conocerá a Lionel Sweeney (Robert Downey Jr.), un hombre con hipertricosis que la irá introduciendo en el mundillo de los freaks (los de verdad, no los que se dedican a discutir si la trilogía de ESDLA es mejor o peor que la de Star Wars).
Antes de los títulos de crédito ya se nos avisa de que estamos ante un relato que no se ajusta a la biografía de la fotógrafa: es más, si el personaje principal fuese Pepita Pérez en vez de Diane Arbus, no creo que la película cambiase mucho. En realidad, lo poco que podemos averiguar de la protagonista, será lo que miremos en las enciclopedias una vez salgamos del cine, porque, a pesar de estar basada en una fotógrafa, no se hace demasiado hincapié en este hecho, sino más bien todo lo contrario.
Al principio, la trama rota en el misterio que rodea a Lionel, y la cosa toma aspecto incluso de thriller. Sin embargo, una vez que éste descubre su hirsuto rostro, lo que nos cuenta Steven Shainberg se reduce a una historia de amor del estilo bella-bestia, aunque en este caso sería más correcto hablar de paliducha-moqueta parlante. Los diálogos no son muy brillantes, por decir que son poco creíbles, y todo se va ralentizando cada vez más y más, mientras los protagonistas se ponen ojitos (en el caso de Robert Downey Jr. es lo poco que puede hacer), y Lionel le enseña a Diane cosas que ella desconocía, como la depilación integral masculina, y el verdadero significado de la Navidad.
La fotografía está muy cuidada, como no puede ser de otra forma, y de vez en cuando, hay algún ángulo extraño para que Shainberg demuestre su creatividad tras la cámara, pero esto no puede evitar que una y otra vez la peli caiga en el tedio, mientras deambula hacia un final que tampoco aporta nada interesante, más que alguna escena de gente en pelotas, que los que ya se hayan dormido para entonces se perderán.
Por cierto, cuidado al elegir la peli: por culpa del título, puede ser que se lleven por error Retratos de una obsesión, protagonizada por Robin Williams, que a pesar de ser peludo, no llega aún a ser un Ewok.
Valoración: regular.

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