Título original: Mr. Bean’s Holiday.
Nacionalidad: Reino Unido.
Año: 2007.
Duración: 90 min.
Dirección: Steve Bendelack.
Guión: Robin Driscoll y Hamish McColl; basado en un argumento de Simon McBurney.
Intérpretes: Rowan Atkinson (Mr. Bean), Max Baldry (Stepan), Emma de Caunes (Sabine), Willem Dafoe (Carson Clay), Karel Roden (Emil), Jean Rochefort (maître).
Producción: Peter Bennett Jones, Tim Bevan y Eric Fellner.
Música: Howard Goodall.
Fotografía: Baz Irvine.
Montaje: Tony Cranstoun.
Diseño de producción: Michael Carlin.
Segunda y última incursión en el cine (al menos por el momento) del popular personaje al que Rowan Atkinson da vida. 18 capítulos y dos películas contemplan al estrafalario inglés que es capaz de convertir tareas aparentemente sencillas en auténticas catástrofes debido a su torpeza absoluta.
En esta ocasión, a Mr. Bean (Rowan Atkinson) le toca un viaje a la costa francesa, concretamente a Cannes, coincidiendo con el festival de cine en el que se estrena la primera película del famoso actor Carson Clay (Willem Dafoe), en el que participa la guapa Sabine (Emma de Caunes). Por el camino, se encuentra con Emil (Karel Roden) al que accidentalmente acaba separando de su hijo Stepan (Max Baldry). Así que Stepan y Bean tendrán que unir fuerzas para llegar a Cannes, y encontrar al padre de la criatura.
A diferencia de la primera parte, aquí no se intenta forzar la inclusión de Bean en la trama, sino que es su viaje el meollo del asunto, y por tanto, el humor de esta secuela está más en la línea de la serie que le catapultó al éxito. De todas formas, el humor es extraordinariamente básico, y se centra en el caos que va dejando este hombre allá por donde pasa. Algo parecido a lo que suele hacer Bush en sus visitas, vaya.
Por tanto, hay que saber lo que se va a ver, y es un muestrario de todos los tics faciales y convulsiones corporales de Atkinson, así que sus fans estarán encantados, y sus detractores la odiarán a más no poder, aunque números como el del playback de “O Mio Babbino Caro” son realmente divertidos. Sin embargo, lo más gracioso es la película que estrena Dafoe haciendo de director gafapasta y pretencioso: el plano de la escalera mecánica es sencillamente genial.
Se nota que el guión es una mera sucesión de sketches, algunos buenos y otros no tanto, pero lleva con soltura al punto que se pretende, y no aburre en ningún momento. En el fondo, Mr. Bean es la exageración extrema del tipo torpe que hay en todos nosotros, y por eso nos resulta tan cercano.
Valoración: buena.

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