Título original: The Night Listener.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 82 min.
Dirección: Patrick Stettner.
Guión: Patrick Stettner, Armistead Maupin y Terry Anderson; basado en la novela de Armistead Maupin.
Intérpretes: Robin Williams (Gabriel Noone), Toni Collette (Donna Logand), Bobby Cannavale (Jess), Joe Morton (Ashe), Rory Culkin (Pete Logand), Sandra Oh (Anna), John Cullum (Pap Noone), Lisa Emery (Darlie Noone), Mary Ann Plunkett (Alice).
Producción: Robert Kessel, Jeffrey Sharp, John N. Hart Jr. y Jill Footlick.
Música: Peter Nashel.
Fotografía: Lisa Rinzler.
Montaje: Andy Keir.
Diseño de producción: Michael Shaw.
¿Qué ha podido motivar a los traductores para adaptar The Night Listener como Voces en la noche, si la novela en la que está basada se llamó aquí El oyente nocturno? Quizá sea este el principal misterio relacionado con el filme, porque la peli en sí, mucho, mucho, no tiene. Y de drama o thriller tampoco anda sobrado, en honor a la verdad.
Robin Williams interpreta a Gabriel Noone, un locutor de radio que hace un programa nocturno de esos que gustan tanto en USAmérica, y que pasa por una crisis con su compañero sentimental Jess (Bobby Cannavale). Un buen día, un editor amigo suyo le pone en contacto con Pete Logand (Rory Culkin, hermano de Macaulay, y el menor de los siete hermanos), un chico de 14 años que ha escrito una novela sobre su terrible infancia, en la que fue sometido a abusos sexuales, y que vive cuidado por Donna (Toni Collette). Noone acaba cogiéndole cariño al chaval, pero un día algo le hace dudar de la existencia del niño, y llegará hasta donde sea necesario para desvelar el misterio.
A pesar de que el guión no es malo, en la peli patinan unas cuantas cosas. Para empezar, como la presentación de personajes es prácticamente nula, uno no llega a entender del todo por qué esa obsesión de Noone con un crío al que casi no conoce. Además, a pesar de que desde el primer momento se sospecha el fondo de la historia, Patrick Stettner se dedica a sembrar pistas falsas (aunque dejando detalles aparentemente nimios para aclarar las cosas), no sé si buscando sorprender o jugando deliberadamente con el espectador.
El ritmo es tremendamente pausado, aunque el interés no llega a decaer gracias a sus escuetos 82 minutos de duración, que en esta época en la que parece identificarse película buena con tamaño extralargo se agradece bastante. También los actores hacen un buen trabajo, y Williams se siente tan cómodo en este papel de “locutor-vulnerable-de-mediana-edad” como antaño gritando “¡Goooooooooooooood Morning, Vietnaaaaaaaaaaaaaaaaam!”. Toni Collette no está mal, aunque su personaje tiene demasiadas aristas como para poder explorarlo a fondo. Los demás personajes salen y entran de la trama un poco a voleo, pero cumplen.
Al final, uno se queda con una sensación extraña, como la de haber asistido a algo con posibilidades que ha sido resuelto de manera no muy satisfactoria. Para mí que a Mara Torres le pasaban cosas más interesantes.
Valoración: regular.

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