Pequeña Miss Sunshine

10 04 2007

CartelTítulo original: Little Miss Sunshine.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 101 min.
Dirección: Jonathan Dayton y Valerie Faris.
Guión: Michael Arndt.
Intérpretes: Greg Kinnear (Richard), Toni Collette (Sheryl), Steve Carell (Frank), Paul Dano (Dwayne), Abigail Breslin (Olive), Alan Arkin (abuelo).
Producción: Marc Turtletaub, David T. Friendly, Peter Saraf, Albert Berger y Ron Yerxa.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: Pamela Martin.
Diseño de producción: Kalina Ivanov.

“La vida es un puto concurso de belleza detrás de otro”. Estas palabras que pronuncia uno de los personajes son el perfecto resumen de Pequeña Miss Sunshine. Y es que de eso trata la película, de los fracasos, pequeños y grandes, que inevitablemente suceden durante una vida.

La familia Hoover es el perfecto ejemplo de lo que se ha dado en llamar “disfuncional”: Richard (Greg Kinnear) es el cabeza de familia, que da charlas sobre cómo conseguir el éxito; Sheryl (Toni Collette) es la sufrida esposa, que tiene que ir al hospital a recoger a su hermano Frank (Steve Carell), un respetado experto en Proust, que es gay y ha intentado suicidarse tras un desengaño amoroso con un alumno; Dwayne (Paul Dano) es el hijo mayor, que lee a Nietzsche y está cumpliendo un autoimpuesto voto de silencio, mientras que Olive (Abigail Breslin) se entrena para un concurso de belleza infantil; la familia se completa con el abuelo Edwin (Alan Arkin), malhumorado y heroinómano. Así, cuando de manera casual, la pequeña Olive ha de ir a California para el concurso de belleza, toda la familia se embarca en el viaje.

Aunque el tono general de la cinta es de comedia, todo lo que le ocurre a la familia entra dentro del más puro drama, en ocasiones, un tanto surrealista. Pequeña Miss Sunshine se desarrolla como una road movie, y el protagonismo absoluto recae en los personajes, magníficamente construidos gracias al competente guión de Michael Apted, justamente premiado con el Oscar.

Hablando de Oscar, también el veterano Alan Arkin se llevó uno como mejor actor secundario, y si bien es cierto que su interpretación es buena, el resto del reparto no le va a la zaga, destacando sobremanera Abigail Breslin (la niñita de Señales), que da vida a una Olive encantadora, tan lejana a esos niños insoportables que pueblan actualmente el cine (Freddie Highmore, para más señas).

Con toda la crudeza que hay en el filme, lo más escalofriante es sin duda ver a las niñas pequeñas convertidas en muñequitas de plástico en uno de esos tétricos concursos de belleza: si ya en adultos me parecen terribles, en prepúberes la cosa roza la indecencia.

En suma, una magnífica película, con grandes interpretaciones y con un guión que se aparta del clásico final feliz para llegar a uno, si cabe, más satisfactorio, a no ser que sea usted un triunfador, claro.

Valoración: excelente.

Ficha en IMDB.

Web oficial en español.





Cartas desde Iwo Jima

10 04 2007

CartelTítulo original: Letters from Iwo Jima.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 140 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Iris Yamashita y Paul Haggis, basado en el libro “Picture letters from commander in chief” de Tadamichi Kuribayashi y Tsuyoko Yoshido.
Intérpretes: Ken Watanabe (general Tadamichi Kuribayashi), Kazunari Ninomiya (Saigo), Tsuyoshi Ihara (barón Nishi), Ryo Kase (Shimizu), Shidou Nakamura (teniente Ito).
Producción: Clint Eastwood, Steven Spielberg y Robert Lorenz.
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach.
Diseño de producción: Henry Bumstead y James J. Murakami.

Bien se ha ganado Clint Eastwood, con una tremenda carrera como actor y no menos impresionante como director, el derecho a poder sacar adelante los proyectos que le vengan en gana. Eso incluye el poder hacer dos películas sobre el mismo conflicto, rodadas simultáneamente, y desde el punto de vista de cada bando. Si en Banderas de nuestros padres se centraba en el drama humano de los combatientes del bando americano, en Cartas desde Iwo Jima se permite acompañar a los hombres que lucharon y murieron por el Japón Imperial.

La historia gira en torno a dos personajes: uno es un militar de alto rango, el General Tadamichi Kuribayashi (Ken Watanabe), refinado y culto, al que mandan a una causa perdida, como es defender la isla de Iwo Jima hasta el último hombre; el otro es un humilde panadero recién casado que recibe la orden de incorporarse al ejército, Saigo (Kazunari Ninomiya), y que no entiende el concepto del suicidio como algo honorable preferible a la derrota.

Como viene siendo habitual en las películas sobre la Segunda Guerra Mundial, Eastwood también se apunta a la moda de los colores degradados, y con mucho grano, para dotar a Cartas de aspecto documental y realista, a lo que también contribuye haberla rodado en japonés casi íntegramente. Al contrario que en Banderas, que tenía un ritmo muchas veces frenético, aquí Eastwood se toma mucho tiempo con los personajes, y a veces se hace demasiado lenta.

Las interpretaciones son excelentes. Watanabe está formidable en su contención, dejando entrever su lucha interna entre el deber para con su patria, y el deber para con sus hombres. Pero la revelación es Ninomiya, que da vida a un soldado Saigo carcomido por las dudas de forma brillante, sin esos excesos de gesticulación en los que a veces caen los actores japoneses. En general, todo el reparto se porta de manera formidable.

Es justo avisar de que es una película tremendamente cruda: a pesar de que apenas hay tiroteos, y que casi toda la acción transcurre en las cuevas excavadas por los nipones, Eastwood no evita mostrar secuencias tan duras como el suicidio de los soldados japoneses, o la horrible muerte de un soldado americano. Pero sobre todo, la dureza radica en lo que se cuenta: cómo veinte mil hombres fueron a luchar y morir por un país que, en vez de enviar refuerzos a Kuribayashi, estimaron que sería suficiente con la emisión por radio de una canción cantada por niños de su pueblo natal.

En definitiva, la historia de una tragedia humana, que sobrecoge por encima de países de procedencia, buenos y malos, héroes y villanos. La muerte no entiende de bandos.

Valoración: excelente.

Ficha en IMDB.

Web oficial.