Título original: Little Miss Sunshine.
Nacionalidad: USA.
Año: 2006.
Duración: 101 min.
Dirección: Jonathan Dayton y Valerie Faris.
Guión: Michael Arndt.
Intérpretes: Greg Kinnear (Richard), Toni Collette (Sheryl), Steve Carell (Frank), Paul Dano (Dwayne), Abigail Breslin (Olive), Alan Arkin (abuelo).
Producción: Marc Turtletaub, David T. Friendly, Peter Saraf, Albert Berger y Ron Yerxa.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: Pamela Martin.
Diseño de producción: Kalina Ivanov.
“La vida es un puto concurso de belleza detrás de otro”. Estas palabras que pronuncia uno de los personajes son el perfecto resumen de Pequeña Miss Sunshine. Y es que de eso trata la película, de los fracasos, pequeños y grandes, que inevitablemente suceden durante una vida.
La familia Hoover es el perfecto ejemplo de lo que se ha dado en llamar “disfuncional”: Richard (Greg Kinnear) es el cabeza de familia, que da charlas sobre cómo conseguir el éxito; Sheryl (Toni Collette) es la sufrida esposa, que tiene que ir al hospital a recoger a su hermano Frank (Steve Carell), un respetado experto en Proust, que es gay y ha intentado suicidarse tras un desengaño amoroso con un alumno; Dwayne (Paul Dano) es el hijo mayor, que lee a Nietzsche y está cumpliendo un autoimpuesto voto de silencio, mientras que Olive (Abigail Breslin) se entrena para un concurso de belleza infantil; la familia se completa con el abuelo Edwin (Alan Arkin), malhumorado y heroinómano. Así, cuando de manera casual, la pequeña Olive ha de ir a California para el concurso de belleza, toda la familia se embarca en el viaje.
Aunque el tono general de la cinta es de comedia, todo lo que le ocurre a la familia entra dentro del más puro drama, en ocasiones, un tanto surrealista. Pequeña Miss Sunshine se desarrolla como una road movie, y el protagonismo absoluto recae en los personajes, magníficamente construidos gracias al competente guión de Michael Apted, justamente premiado con el Oscar.
Hablando de Oscar, también el veterano Alan Arkin se llevó uno como mejor actor secundario, y si bien es cierto que su interpretación es buena, el resto del reparto no le va a la zaga, destacando sobremanera Abigail Breslin (la niñita de Señales), que da vida a una Olive encantadora, tan lejana a esos niños insoportables que pueblan actualmente el cine (Freddie Highmore, para más señas).
Con toda la crudeza que hay en el filme, lo más escalofriante es sin duda ver a las niñas pequeñas convertidas en muñequitas de plástico en uno de esos tétricos concursos de belleza: si ya en adultos me parecen terribles, en prepúberes la cosa roza la indecencia.
En suma, una magnífica película, con grandes interpretaciones y con un guión que se aparta del clásico final feliz para llegar a uno, si cabe, más satisfactorio, a no ser que sea usted un triunfador, claro.
Valoración: excelente.
Título original: Letters from Iwo Jima.
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