Título original: Ghost Rider.
Nacionalidad: USA.
Año: 2007.
Duración: 114 min.
Dirección: Mark Steven Johnson.
Guión: Mark Steven Johnson; basado en el personaje de Marvel Comic.
Intérpretes: Nicolas Cage (Johnny Blaze), Eva Mendes (Roxanne Simpson), Wes Bentley (Blackheart), Sam Elliott (Caretaker), Donal Logue (Mack), Peter Fonda (Mefistófeles).
Producción: Avi Arad, Steven Paul, Michael De Luca y Gary Foster.
Música: Christopher Young.
Fotografía: Russell Boyd.
Montaje: Richard Francis-Bruce.
Diseño de producción: Kirk M. Petruccelli.
Desconozco con qué tipo de entidad sobrenatural habrá hecho un pacto Nicolas Cage, pero desde luego, ha de ser poderosa para que el sobrinísimo de Francis Ford Coppola siga trabajando en esto del cine. Si hace poco destrozaba junto al director Neil LaBute un clásico de la Hammer como The Wicker Man (aunque el original tampoco fuera una maravilla), ahora se encarga de ponerle rostro al Motorista Fantasma de la Marvel, con Mark Steven Johnson (responsable de perpetrar Daredevil) como cómplice.
Ghost Rider: El motorista fantasma cuenta la historia de Johnny Blaze (Nicolas Cage), un intrépido motorista de acrobacias que, en su juventud, hizo un pacto con Mefistófeles (Peter Fonda) para curarle un cáncer a su padre. Años más tarde, la aparición del malvado Blackheart (Wes Bentley), hace que Mefistófeles recurra a las habilidades del Motorista para eliminar esa grave amenaza, aunque para ello, contará con la ayuda del cuidador de un cementerio (Sam Elliott). Mientras tanto, su ex-novia de aquellos años felices, Roxanne (Eva Mendes), que se ha convertido en una afamada reportera de televisión, se verá involucrada en la misión de Blaze.
Lo cierto es que de la combinación Cage-Johnson no nos esperábamos mucho, tras ver trabajos como los mencionados anteriormente. Pero en esta ocasión, el resultado es mucho mayor que la suma de sus partes. De hecho, parece que ambos libran una apuesta para ver quién lo hace peor de los dos.
Me imagino que si un guión así ha podido salir adelante, es porque la destructora de papel no quiso acercarse a él. La cosa se reduce a dos o tres peleas, carentes de toda tensión y/o emoción, alguna escena romantico-ridícula entre Cage y Mendes, y FX para rellenar la falta de ideas. En este aspecto, hay secuencias espectaculares, como la persecución por los rascacielos, aunque nada que nos sorprenda ya a estas alturas. Los diálogos son especialmente lamentables, pero encajan a la perfección con lo mal que están construidos los personajes. Como muestra de lo inconsistente, ahí va un botón: la primera vez que el Motorista usa su mirada de castigo, le clavan un pequeño puñal, y cuando se vuelve humano tiene una herida que necesita sutura; pues bien, más adelante recibe una balacera de medio departamento de policía, y ni un sólo rasguño. Magia.
En cuanto a las interpretaciones, ya hemos comentado que Cage pone rostro al Motorista. Exactamente como lo leen: rostro. Uno sólo, el que tiene, y que parece ser incapaz de mover. Si no fuera por las llamas, resultaría imposible saber cuál de las dos personalidades está recreada digitalmente. Cuando pone cara de panoli, ya es malo, pero cuando encima tiene que recitar líneas supuestamente cómicas, el patetismo llega a cotas asombrosas. Los demás también están mal, pero tienen la suerte de que Nick los eclipsa sin dificultades.
En fin, que Kal-El ya tiene un motivo más para odiar a su padre. Por si lo del nombre no fuera suficiente.
Valoración: pésima.

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